Dolor visceral

Escrito por Vicente Juan Riera el . Publicado en Blog

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Las vísceras están inervadas. También lo están los tejidos conjuntivos que las rodean. Por tanto, cuando hay un daño en estas estructuras, pueden ser fuente de nocicepción.

Nociocepción.

La nocicepción es la capacidad que tiene nuestro sistema nervioso para advertir e informar acerca de un daño. Para ello, cuenta con múltiples sensores o nociceptores distribuidos a lo largo del cuerpo.

Si te golpeas la rodilla y te duele, esta respuesta habrá iniciado con el proceso de la nocicepción. Los nociceptores habrán detectado la amenaza para los tejidos de la rodilla, e informado a áreas superiores del sistema nervioso central. Tras las modulaciones pertinentes, para dar la relevancia merecida a la información, el córtex cerebral proyectará en la rodilla la sensación de dolor para que tomes las medidas oportunas para su protección.

Aunque no todo proceso de dolor se relaciona necesariamente con la nocicepción, este mecanismo es parte fundamental del dolor agudo. Del dolor útil, el que nos protege. El dolor crónico o disfuncional sigue otros procesos.

La nocicepción visceral

En un infarto de corazón (se ahoga parte del músculo cardíaco), o una úlcera de estómago (herida en la mucosa gástrica), también existe nocicepción. La nocicepción desde la vísceras también provoca acciones neurológicas que determinan una respuesta. Esta respuesta puede ser de espasmo local, pero también de aumento de tono muscular en zonas remotas. Y, en el caso de la proyección del dolor, generalmente será también remota.

La víscera lesionada no duele donde está. Por un proceso de convergencia de información en el segmento espinal por el que transcurre la nocicepción visceral, el paciente generalmente refiere el dolor en zonas anatómicamente alejadas de aquellas en que se localiza la víscera. El proceso es conocido como dolor referido visceral.

Así, por ejemplo, los nervios frénicos y vagos hacen que el hígado lesionado duela en el hombro derecho, y el estómago en el hombro izquierdo.

La convergencia de información visceral con información somática justifica también casos como el Síndrome de Sandifer, especialmente llamativo en niños, caracterizado por cuadros de tortícolis por reflujo gastroesofágico que se pueden confundir con epilepsia y daños neurológicos graves.

En ocasiones, el dolor lumbar puede relacionarse con trastornos renales o gastrointestinales.

Así, por ejemplo, este estudio ha identificado una fuerte asociación entre el dolor de espalda y los síntomas gastrointestinales en mujeres. Los autores atribuyen los posibles factores que pueden explicar esta relación a:

  • dolor referido a través de la convergencia viscerosomática,
  • alteración de la percepción del dolor,
  • aumento de la carga espinal al forzar durante la defecación, o
  • reducción del soporte del contenido abdominal y la columna secundaria a cambios en la función de los músculos abdominales.

La participación de la nocicepción se plantea como un reto en el diagnóstico diferencial de los pacientes con dolor.

En pacientes con reflujo, digestiones pesadas, transaminasas altas, colesterol muy elevado… no está de más tener en consideración la posibilidad de que un problema visceral esté detrás de los síntomas aparentemente musculoesqueléticos del paciente.

Carlos López, OsteonFisioterapia.

Resistencia a la insulina deja su huella en la piel: Acrocordones

Escrito por Vicente Juan Riera el . Publicado en Blog

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Si buscas qué es un acrocordón, fibroma blando, o pólipo fibroepitelial en webs médicas leerás que son tumores en la piel, benignos y no contagiosos, rara vez dicen qué los causa.

Sí, es posible que sean benignos, pero desde luego están ahí para decirte algo: Que tienes resistencia a la insulina y que probablemente la diabetes tipo 2 aparezca en tu futuro.

Los acrocordones son más habituales en axilas, cuello, ingles y párpados de personas con sobrepeso, diabeticos y en mujeres embarazadas o con SOP. Y piensa un momento: ¿Qué tienen en común esas cuatro condiciones?

Acertaste!! Son estados de resistencia a la insulina.

La información que los dermatólogos ofrecen al respecto los relacionan con:
– Genética: si tu madre los tuvo tú también los tendrás… you know!
– Edad: aparecen en mayor cantidad desde los 35-40 años en adelante
– IMC: a mayor obesidad mayor probabilidad de tenerlos.

Vale, todo eso sigue encajando con la resistencia a la insulina y, de hecho, los acrocordones se han relacionado más con la hiperinsulinemia (insulina elevada) e hipertrigliceridemia (trigliceridos elevados) (2) que con la diabetes en sí.

Los acrocordones pueden usarse como una herramienta de diagnóstico temprano de hiperinsulinemia que se confirmaría al realizar el test HOMA-IR

En los estudios, las mujeres con acrocordones debajo de los pechos, tenían mayor prevalencia de desarrollar cáncer de pecho (1)

Mecanismo de Acción

La insulina es una hormona anabólica (aumenta tejidos). La hiperinsulinemia eleva la concentración en sangre de IGF-1 (peptido similar a la insulina) mientras reduce el nivel de IGFBP-3 (proteína 3 de unión al factor de crecimiento similar a la insulina). Al unir el IGF-1 a sus receptores en los queratinocitos (células que forman la epidermis) y no estar el IGFBP-3 para evitarlo, causan hiperplasia (aumento anormal) de esas células de la piel. (1)

Resumiendo, hormonas que hacen que la piel crezca de forma anormal.

Con esta información ahora verás como chistes (o con enfado) todas esas webs y artículos de revistas que te dicen que uses aceite de ricino, vinagre de manzana, alcohol…etc para quitártelos.

NO, NO SON VERRUGAS-Las verrugas tienen origen vírico, los acrocordones son trocitos de tu piel. Elimina con cirugía, en un dermatólogo, los que te molesten.

-La única forma para que no salgan más es reducir la resistencia a la insulina, con una dieta restringida en azúcares.

En cuanto vences la resistencia a la insulina, vía dieta, ejercicio, evitar estrés y dormir las horas que te corresponden, es decir, mantener hábitos de vida saludables, el tiempo que tardan en desaparecer puede ser de años, pero lo importante es que con los acrocordones se va el riesgo de desarrollar diabetes.

(megustaestarbien.com)

 

 

 

 

Rodrigo Hurtado, inmunólogo: El intestino enfermo

Escrito por Vicente Juan Riera el . Publicado en Blog

Asma, artritis, formas de autismo, obesidad, déficit atencional, alergias, cáncer del colon, diabetes, dermatitis. Las enfermedades de hoy podrían tener la misma causa: un desbalance de las bacterias intestinales que se produce, mayormente, por lo que comemos. ¿Tan radical es la alimentación en la salud? Rodrigo Hurtado, uno de los primeros inmunólogos chilenos, no tiene duda de ello. Con más de 50 años de ejercicio en Estados Unidos, el especialista reflexiona sobre el precio que está pagando la sociedad por el confort de lo inmediato.

 

Nueve de la mañana y Rodrigo Hurtado (77) ya salió a caminar por el barrio, leyó noticias, respondió correos, rastreó un paper de inmunología en internet y preparó el desayuno: mango, melón, palta, queso de cabra, pan, café de grano. Se levantó, como lo ha hecho desde que era joven, con la luz del sol y hoy está en su departamento de Santiago, al que viene cuatro veces al año para ver a su hija y a sus nietos. El resto del tiempo lo pasa en Washington D.C. Allá ejerce como académico de la Escuela de Medicina en la Universidad de Georgetown y como inmunólogo en su clínica privada. Pero solo por tres días a la semana, porque –a pesar de lo activo que es– se está retirando. “Ya estoy viejo, tengo que dejar de trabajar en algún momento”, dice.

 

Hurtado fue uno de los primeros inmunólogos de Chile. Se recibió en 1964, cuando había pocos médicos que trabajaban en esta área: cinco o seis en Santiago, uno en Valparaíso, otro en Concepción, y pare de contar. En esos años, se fue becado a Estados Unidos y se fue quedando. Allá se hizo famoso en el ámbito médico por uno de sus primeros trabajos, en el que descubrió que las amígdalas tenían una importante función inmune y que no era conveniente sacarlas. Con el tiempo su investigación y ejercicio fueron volcándose a lo que hoy es considerado un órgano más en el cuerpo humano: la macrobiota, un sistema de bacterias que interactúan en la flora intestinal. “Creo que la inmunología ni siquiera es una especialidad, sino un lenguaje del cuerpo. El día de mañana, quien no lo entienda, no sabrá mucho de medicina. Porque, finalmente, la mayoría de las enfermedades tienen un componente inmunológico e inflamatorio y muchas parten en el mismo lugar: el intestino”.

¿Por qué este órgano es tan importante para la salud humana?
Porque ahí está alojado el 70% de las células inmunes del cuerpo. Y estas células, que son las encargadas de que el cuerpo reaccione y responda al medio ambiente, se comunican directamente con las bacterias –o macrobiota– que están alojadas en el intestino. Estas bacterias son de suma importancia, y hay que cuidarlas para que puedan comunicarse de manera sana con el sistema inmune.

 

¿Cómo se pueden cuidar estas bacterias?
Sobre todo a través de la alimentación. Primero, evitando el exceso de azúcar refinado, que está presente en la gran mayoría de productos procesados con otros nombres, como el jarabe de maíz, por ejemplo. Hay que pensar que el azúcar no refinado se compone de seis moléculas, mientras que la blanca solo de una. Eso implica un cambio brutal en la composición del alimento que termina por dañar la salud.

 

¿Por qué el azúcar refinado es tan dañino?
Entre otras cosas, porque es el principal alimento de un hongo que se puede establecer en el intestino, llamado cándida. Este hongo o levadura puede multiplicarse y terminar colonizándolo y, con ello, generar un desbalance serio en la macrobiota, con síntomas muy inespecíficos que no siempre responden a un solo diagnóstico: desde la falta de ánimo y de energía, hasta dolores musculares que la gente no se explica. La falta de equilibrio en la macrobiota es de tal importancia, que puede terminar causando obesidad, asma, artritis, déficit atencional, alergia. Incluso formas de autismo o cáncer del colon.

 

“En mi vida profesional me ha tocado ver enfermedades autoinmunes como lupus, causada por sacarina, trastornos autísticos por colorantes artificiales, cuadros de fatiga crónica por uso prolongado de antibióticos, cuadros dermatológicos severos por gluten y sume y siga”.

 

Uno pensaría que estas enfermedades son genéticas o tienen que ver con el comportamiento del individuo.
Este tipo de patologías son causadas por una respuesta inmune que tiene que ver con la inflamación, que es gran parte de esta respuesta. Esto quiere decir que hay agentes externos que están entrando al organismo y que están provocando una respuesta inflamatoria. Esos agentes, entre otros, están en los ingredientes que comemos día a día. Porque ya no comemos alimentos, sino ingredientes. Durante estos últimos años y muy marcadamente después de la segunda guerra, la industria alimentaria pasó a ser una verdadera potencia mundial, que representa un porcentaje muy importante de la economía. Allí no solo se produce alimentos. Se crean alimentos, sabores, colores, texturas, se disimulan sabores, etc. Todo esto, como un agregado a un alimento supuestamente natural. Allí entran saborizantes –que imprimen un sabor–, estabilizantes, antioxidantes, colorantes, preservantes. Todos son elementos que tienen una estructura química determinada, que diariamente entran a nuestro sistema. ¿Cómo está reaccionando nuestra flora intestinal cuando, a diario, tragamos saborizantes o colorantes? No lo sabemos. Es un campo en activa investigación.

 

¿Entonces los saborizantes y preservantes estarían causando estas enfermedades?
Hay más factores, pero sí, son grandes responsables, como también los edulcorantes o aditivos. Todos ellos son agentes extraños que el sistema inmune no reconoce y genera una respuesta inflamatoria, generando una serie de respuestas en cadena. El edulcorante, por ejemplo, engorda más que el azúcar, porque está compuesto por químicos que generan una serie de respuestas metabólicas. Por ejemplo, en la obesidad lo que sucede es que la inflamación que se produce en el intestino apaga una hormona llamada leptina. Y las leptinas te avisan cuando ya estás satisfecho. Si una persona tiene esa señal apagada, puede comer y tardarse muchísimo más en sentirse satisfecho. Puede ser muy peligroso. Es hasta cruel ver cómo niños con obesidad son alimentados con bebidas llenas de edulcorante.

 

“Creo que el traspaso de información y de la experiencia en la formación de los médicos es muy importante. La experiencia se adquiere y se transmite. Yo soy un convencido de que en la medicina hay que darse tiempo para oír. Porque oír sana. La gente que se siente enferma quiere ser oída”.

 

¿Hay más factores responsables?
El uso de fertilizantes y pesticidas, antibióticos y hormonas en animales, manipulación genética de semillas, etc. Todos pueden tener efectos adversos en la salud del consumidor. Por eso es tan importante comer, en la medida de lo posible, productos orgánicos. Además, está el uso de antibióticos que se recetan en medicina. En una época anterior fueron de mucha ayuda para las enfermedades infecciosas, pero su uso invariablemente barre con esta flora intestinal tan importante.

 

¿Hay opciones sanas para endulzar preparaciones?
La miel y el azúcar no tan refinada son buenas alternativas. Sin embargo, un esfuerzo zen para consumir menos dulce y reeducar el gusto, ayuda aún más.

 

Una persona con enfermedades de este tipo ¿podría disminuir sus síntomas si cambiara su alimentación por completo? ¿Incluso autismo o cáncer de colon?
En el caso del autismo, existen muchas formas y grados. Aunque no se sabe la causa precisa que desencadena el conjunto de síntomas neurosiquiátricos o sicológicos en estudios, sí se ha demostrado la presencia de marcadores que indican fenómenos inflamatorios. En el cáncer de colon o en otras enfermedades malignas, la flora probiótica puede mantener una función inmune más adecuada, que permite identificar el crecimiento de tejidos cancerosos y destruirlos. Es tremendo. En mi vida profesional me ha tocado ver enfermedades autoinmunes como lupus, causada por sacarina, trastornos autísticos por colorantes artificiales, cuadros de fatiga crónica por uso prolongado de antibióticos, cuadros dermatológicos severos por gluten y sume y siga.

 

Finalmente, es la vida moderna la que nos tiene así.
Sí. Y es difícil dar una receta fija para corregir todo esto. Tiene que ver con el ritmo de vida acelerado, o con la necesidad de trabajar. A veces uno se pregunta si falta tiempo para vivir en forma sana. Evidentemente, parte de la solución sería una potente campaña educativa. Instruir sobre cambios de etiqueteo en alimentos o explicar sobre los azúcares y cuáles de ellas son las peores. Creo que debemos recuperar el tiempo perdido y criar niños más sanos, que tengan conciencia de que hay cosas que les hacen mal. Hay un largo camino que recorrer que debe empezar por aceptar esta realidad.

¿Por qué están aumentando las alergias alimentarias?
Aunque la lactancia es considerada como un factor protector, se ha visto que cada vez más lactantes padecen alergias alimentarias, especialmente a la proteína de leche de vaca, aunque nunca ellos la hayan consumido directamente. La explicación precisamente tiene que ver con el órgano más importante del sistema inmune: el intestino, ya sea del bebé o de la madre. Aquí, cuatro claves para entender el fenómeno.

1. Tipo de nacimiento: que un niño nazca por parto vaginal o por cesárea, puede marcar la diferencia, por el tipo de bacterias que enfrenta el bebé. Si es por cesárea, el primer contacto es con bacterias cutáneas –por la piel de la madre– y serán ese tipo de bacterias las que colonicen el intestino del bebé. Mientras que si nace por parto vaginal, serán bacterias provenientes de la vía gastrointestinal y reproductiva de la madre.

2. Uso de antibióticos en el embarazo: el uso de este medicamento –especialmente cuando es para afecciones respiratorias– incide en el desbalance de la flora intestinal de la madre: los antibióticos barren con todo tipo de bacterias, sin diferenciar las buenas o las malas. Por ende, durante la lactancia, ella traspasará proteínas y células que traen información genética de desbalance bacteriano, lo que el intestino del lactante asumirá como propio.

3. Uso de aditivos en la alimentación: estos desequilibran la flora microbiota intestinal y afectan los mecanismos de tolerancia hacia alimentos.

4. fenómenos epigenéticos: es decir, que la expresión de un gen se vea alterada por factores ambientales. Eso puede resultar en que el organismo reconozca como peligroso un alimento que no lo es. La tolerancia se desarrolla desde el comienzo de la alimentación y se piensa que incluso desde la vida intrauterina, por eso la alimentación de la madre es tan importante.

Intolerancia al trigo:cada vez más frecuente 
El consumo del gluten es un factor importante en una variedad de condiciones, no solo de la enfermedad celíaca clásica, sino también de la intolerancia al gluten que causa bastante malestar. Estas patologías se han hecho cada vez más frecuentes; un aumento que tiene que ver, primero, con que el diagnóstico es menos complejo que antes –ya no se necesita realizar biopsias intestinales, sino solo marcadores en la sangre–, pero, además, con otros factores: el trigo frecuentemente tiene modificaciones genéticas y, por otra parte, los cambios sustanciales en el equilibrio de la flora intestinal hacen que sea menos digerible.

¿Cuáles son los síntomas de la intolerancia al gluten?
Exceso de gas, flatulencia, fatiga muscular, dolores articulares, dolores de cabeza, constipación o diarrea, además de cansancio, debilidad muscular, calambres, dolores de cabeza, trastornos cutáneos como eczema y picazón. En la práctica diaria, me encuentro con personas que expresan ser celíacos o sensibles al gluten por haber mejorado de muchas molestias con una dieta sin gluten. Aunque no se ha confirmado con exámenes de laboratorio, esta afirmación debe ser considerada de gran valor. Especialmente cuando, al reintroducir el gluten, se desencadena una serie de síntomas que habían desaparecido. Al parecer hay otros factores que pueden incidir en esta respuesta al gluten. Uno de ellos podría ser que en la industria del pan se use un exceso de gluten en la elaboración de este, además de harinas enriquecidas. También está el uso de distintas semillas de trigo en esta industria. Muchas semillas, por razones agrícolas, son genéticamente modificadas. Ya no comemos lo que nos da la madre natura y digerir todos estos elementos implica un esfuerzo enorme para el intestino.

La Audiencia Nacional confirma la validez del diagnóstico de fisioterapia

Escrito por Vicente Juan Riera el . Publicado en Blog

Refrenda que los fisioterapeutas reciban formación sobre valoración diagnóstica y puedan ejercerla, algo que pretendía prohibir la Organización Médica Colegial.También desestima las peticiones de naturistas y terapeutas ocupacionales.

La Audiencia Nacional ha denegado las solicitudes de la Organización Médica Colegial (OMC), que pretendía derogar varios apartados de la normativa de formación de los fisioterapeutas, entre ellos, “el diagnóstico”, al entender que es exclusivo de médicos y odontólogos. 

La sentencia establece que “no ha de confundirse” el “diagnóstico de las enfermedades con la valoración diagnóstica de cuidados de fisioterapia” que es “la competencia que ha de adquirirse en esta última titulación sanitaria”. La Audiencia subraya que el término “diagnóstico” no está reservado al ámbito médico y entiende que “se utilice fuera de la medicina”.

 

Por tanto, la sentencia considera que no se invade “la función de diagnóstico reservada a los médicos” por “la adquisición de competencias en los estudios de fisioterapia tendentes a ‘proporcionar una atención de fisioterapia eficaz, otorgando una asistencia integral a los pacientes’, ni a ‘llevar a cabo las intervenciones fisioterapéuticas basándose en la atención integral de la salud’”. “En definitiva”, concluye la sentencia, “al no contemplarse el diagnóstico médico entre las competencias que los estudiantes de fisioterapia deben adquirir”, “caen por su base las denunciadas vulneraciones” efectuadas por la OMC. 

Ante esta decisión, el Colegio de Fisioterapeutas destaca que el diagnóstico fisioterapéutico ya está aceptado en el sistema de sanidad público, concretamente en Atención Primaria, donde los médicos de familia derivan a estos profesionales sanitarios a aquellos pacientes que precisen fisioterapia. 

El presidente del Colegio, Miguel Villafaina recuerda que los fisioterapeutas andaluces llevan muchos años defendiendo ante la Administración Sanitaria y ante los diferentes colectivos sanitarios esta postura y diferenciando entre diagnóstico médico y diagnóstico de fisioterapia. “Ambos diagnósticos son necesarios y complementarios en el proceso de recuperación del paciente y exclusivos del profesional que los realiza”, concluye Villafaina.  

En este sentido, el presidente de los fisioterapeutas andaluces no quiso dejar pasar la oportunidad para mostrar su “tristeza ante un nuevo ataque e intento de obstaculizar el trabajo y el desarrollo de la Fisioterapia por parte del colectivo médico, concretamente de los que poseen formación en rehabilitación (rehabilitadores), en unas batallas en las que quienes realmente salen perdiendo son los pacientes”.

Naturistas y terapeutas ocupacionales 

En otras dos sentencias diferentes, la Audiencia Nacional también ha desestimado la demanda de la 'Federación de Asociaciones de Profesionales de las Terapias Naturales' de Cataluña, en la que se pedía que se restaran competencias a los fisioterapeutas.

La sentencia es rotunda y establece que osteopatía y quiropraxia son “métodos específicos de intervención de la fisioterapia”. Además, afirma que “estos profesionales –de terapias naturales- ejercen una actividad para la que no se exige titulación y, por supuesto, la misma no está incluida en el sistema nacional de salud y que además carecen de control administrativo...” como enfatiza el magistrado de la Audiencia Nacional.

La demanda de los terapeutas ocupacionales también ha sido desestimada.

La Audiencia Nacional considera que “ergoterapia” -método curativo que utiliza el trabajo manual en la reeducación de los enfermos o impedidos, para su reinserción en la vida social, según la Real Academia-, no es un término exclusivo de estos diplomados sanitarios y, por tanto, es válido que sea estudiado y empleado por los fisioterapeutas.

DIFERENCIAS ENTRE DIAGNÓSTICO MÉDICO Y DIAGNÓSTICO DE FISIOTERAPIA

Diagnóstico fisioterápico: Proceso de análisis de las deficiencias y discapacidades observadas y/o estudiadas., cuyas deducciones permiten: establecer un programa de tratamiento en función de las necesidades observadas, y escoger el modelo terapéutico apropiado a realizar.

Diagnóstico médico: Acto de conocer la naturaleza de una enfermedad mediante la observación de sus síntomas y signos.


Miguel Villafaina añade que “cualquier ciudadano puede sufrir un ‘traspié’ y sentir que algo le pasó a su tobillo que acompaña  dolor, hinchazón, imposibilidad de mover el pie y de caminar. Acude a un centro sanitario y el médico mediante la observación de los síntomas y signos señalados acompañado de otros medios diagnósticos, establece un diagnóstico, que en este caso puede ser “esguince de tobillo de segundo grado”, adoptando medidas terapéuticas, como la prescripción de fármacos y someter al paciente a un ‘régimen motor’ inmovilizando el tobillo e indicándole reposo.


El paciente entra en proceso de atención evolutiva y pasado algún tiempo y observando pérdida de las funciones del tobillo, deriva a consulta de Fisioterapia con la finalidad de recuperar las funciones perdidas. En la consulta de Fisioterapia se valoran las consecuencias o impacto de proceso traumático sobre las funciones del tobillo, además de analizar, estudiar y observar las discapacidades que existen sobre los movimientos normales de dicha articulación y el efecto sobre la autonomía durante el desarrollo de la marcha y sus derivados (andar deprisa, saltar correr, ascender/descender escaleras ú obstáculos, etcétera).  Valoración del dolor, edema, etcétera.  
Todo ello permite establecer un programa fisioterapéutico personalizado y adecuado a los deterioros funcionales observados. 

PNI: nuestra visión

Escrito por Vicente Juan Riera el . Publicado en Blog

La evolución y el desarrollo de las ciencias médicas basadas en la especialización máxima por disciplinas ha supuesto una ventaja indudable para los ciudadanos, pues cada vez tenemos más capacidad para poder tratar lesiones y enfermedades. Es incuestionable el efecto tan positivo que tiene esto sobre el tratamiento de lesiones o enfermedades agudas. Pero como en todo cambio paradigmático, asociado a la ganancia suele haber una pérdida. En este caso, desde el IEP creemos que la pérdida es verdaderamente impactante, especialmente, desde el punto de vista del propio paciente y de la relación que éste establece con su enfermedad. Muy a menudo, los profesionales de la salud, perdemos la visión completa del problema, olvidando que en el organismo cualquier respuesta adaptativa a una lesión no solo es local, sino global. Nunca un paciente debe ser reducido a su lesión. Esto adquiere unas proporciones aún más importantes cuando se trata de lesiones o enfermedades crónicas, que se asientan en el cuerpo y nos acompañan diariamente durante meses y a veces, años.  Esta visión parcelada,  no nos permite ver el problema en su contexto más amplio y nos condiciona a plantear intervenciones cortoplacistas y parciales con un beneficio generalmente limitado. La consecuencia de este tipo de intervenciones que no solucionan el problema, recae la mayor de las veces sobre el estado de ánimo del propio paciente y sobre la relación que éste establece con su problema de salud, de alguna manera el paciente vivencia el problema como algo que perteneciéndole y padeciéndolo  le es ajeno, dada la poca capacidad de influencia que tiene más allá de la toma de la medicación prescrita por el médico, en el mejor de los casos.

 

¿Hay algo más que se pueda hacer? ¿Se puede influir de alguna manera por otras vías?... estas preguntas son cada vez más frecuentes en los consultorios de salud.

 

QUE PROPONEMOS

 

Desde que a finales del siglo XX comenzó a crecer el cuerpo de investigaciones y publicaciones en el ámbito de la epigenética, cada vez disponemos de un mayor número de evidencias científicas que nos permiten establecer relaciones entre los hábitos de vida y la susceptibilidad al desarrollo de ciertas enfermedades.

 

Toda esta información publicada, cada vez más contrastada por las diferentes disciplinas médicas, debe llegar al público, es un deber de los responsables que cuidamos de la salud de los pacientes trasladársela de un modo comprensible y responsable. Este flujo de información, entre profesional y paciente, debe permitir devolver poder a los pacientes, motivándolos lo suficiente como para modificar la relación que establecen con su propio proceso, abriendo nuevas vías de intervención para que el propio enfermo participe activamente de su proceso de solución, no solamente desde un plano pasivo, tomando la medicación prescrita por el médico, sino incorporando cambios activos que le permitan modificar hábitos en favor de desarrollar nuevos estilos de vida más saludables y con influencia positiva sobre su estado.

 

Por esto, estamos profundamente convencidos que no es posible solucionar ningún problema de salud sino es modificando aquellos hábitos de vida que seguramente durante mucho tiempo fueron responsables del mantenimiento y desarrollo del propio problema de salud.

Instituto Español Psiconeuroinmunología.

El trigo empeora los síntomas de la esclerosis múltiple y otras enfermedades autoinmunes.

Escrito por Vicente Juan Riera el . Publicado en Blog

Los inhibidores de la amilasa y la tripsina empeoran el asma, el lupus, la artritis y las enfermedades inflamatorias intestinales y podrían causar la sensibilidad al gluten.

trigo web

Los inhibidores de la amilasa y la tripsina (ATI) son una familia de proteínas que, como el gluten, se encuentran en el trigo. Unos ATI que, tal y como sucede con el gluten en las personas celiacas, pueden desencadenar una reacción inmune con consecuencias muy molestas e, incluso, ciertamente graves. De hecho, numerosas investigaciones han sugerido que estos ATI podrían encontrarse detrás de la sensibilidad al gluten no celiaca, enfermedad asociada con los síntomas, tanto gastrointestinales como extradigestivos, típicos de la celiaquía y que padece hasta un 5-10% de la población. Pero aún hay más. Como muestra un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad Johannes Gutenberg en Maguncia (Alemania), los ATI es responsable de la aparición de la inflamación en numerosas enfermedades crónicas, caso de la esclerosis múltiple, el asma o la artritis reumatoide.

Como explica Detlef Schuppan, director de esta investigación presentada en el marco del Congreso Europeo de Gastroenterología 2016 que se está celebrando en Viena (Austria), «además de contribuir al desarrollo de enfermedades inflamatorias relacionadas con el intestino, creemos que los ATI pueden promover la inflamación en otras enfermedades crónicas fuera del tracto digestivo. Esperamos que nuestro trabajo derive en una recomendación que aconseje una dieta libre de ATI para ayudar a tratar una variedad de trastornos inmunes potencialmente graves»

Trigo pro-inflamatorio

Por lo general, la mayoría de estudios se han centrado en el gluten y su impacto sobre la salud digestiva. Sin embargo, y si bien constituyen únicamente el 4% del total de las proteínas que se encuentran en el trigo, cada vez hay más trabajos sobre los ATI. No en vano, las evidencias alcanzadas hasta el momento, ahora confirmadas, sugerían que el consumo de ATI puede provocar el desarrollo de inflamación en tejidos distintos del intestino, caso de los ganglios linfáticos, los riñones, el bazo e, incluso, el cerebro.

 

Y exactamente, ¿qué supone esta inflamación para los pacientes con enfermedades autoinmunes? Pues un notable empeoramiento de los síntomas de su patología, entre otras la esclerosis múltiple, el lupus, el asma, las enfermedades inflamatorias intestinales –colitis ulcerosa y enfermedad de Crohn–, la artritis reumatoide y la esteatosis hepática no alcohólica –el consabido ‘hígado graso’.

Como refiere Detlef Schuppan, «nuestros resultados demuestran que los ATI presentes en el trigo, que también están contaminando los alimentos comercializados con gluten, activan algunos tipos de células inmunes específicas tanto en el intestino como en otros tejidos, empeorando así, cuando menos de forma potencial, los síntomas asociados a las enfermedades inflamatorias pre-existentes».

No es el gluten.

La sensibilidad al gluten no celiaca fue descrita por primera vez en los años ochenta. Sin embargo, y a pesar del tiempo discurrido, es muy poco lo que se sabe sobre esta enfermedad. De hecho, su diagnóstico se establece por un mero descarte. Y es que dado que todavía no se ha identificado ningún marcador que posibilite la identificación de los afectados, el diagnóstico se establece cuando los pacientes, si bien manifiestan los síntomas típicos de la intolerancia al gluten, no padecen ni celiaquía ni alergia al trigo.

Concretamente, la sensibilidad al gluten no celiaca se asocia con síntomas gastrointestinales como diarrea, dolor e hinchazón abdominal. Y asimismo, con síntomas no digestivos como las jaquecas, la fatiga, el eczema y los dolores articulares. Es decir, con las manifestaciones asociadas a la enfermedad celiaca. Tal es así que el tratamiento también consiste en seguir una dieta libre de gluten, lo que mejora, y mucho, la sintomatología. Sin embargo, el origen de esta enfermedad no está en el gluten.

Como indica Detlef Schuppan, «los ATI podrían contribuir al desarrollo de la sensibilidad al gluten no celiaca. El tipo de inflamación intestinal que hemos visto en estos pacientes difiere de la causada por la celiaquía, y no creemos que sea provocada por el gluten».

Entonces, si el gluten no es el desencadenante de esta enfermedad, ¿por qué se llama ‘sensibilidad al gluten’? Pues por la razón que sea, parece incorrecto. De hecho, los investigadores del estudio abogan por cambiar el nombre a la patología. Como concluye su director «esperamos que nuestro trabajo también ayudará a redefinir la sensibilidad al gluten no celiaca con un término más apropiado. Y es que dado que ‘sensibilidad al gluten’ implica que el gluten sea el único responsable de la inflamación, debe considerarse un nuevo nombre para esta enfermedad».

Fibromialgia y fatiga crónica causada por sensibilidad al gluten no celíaca

Escrito por Vicente Juan Riera el . Publicado en Blog

Autores:
Carlos Isasia,Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. , Eva Tejerinab, Natalia Fernandez-Pugac, Juan Ignacio Serrano-Velad
a Servicio de Reumatología, Hospital Puerta de Hierro, Majadahonda, Madrid, España
b Servicio de Anatomía Patológica, Hospital Puerta de Hierro, Majadahonda, Madrid, España
c Servicio de Aparato Digestivo, Hospital Puerta de Hierro, Majadahonda, Madrid, España
d Asociación de celíacos y sensibles al gluten de Madrid, Madrid, España
 
Sr. Editor:
 

La sensibilidad al gluten con pruebas de enfermedad celíaca negativas o sensibilidad al gluten no celíaca es un problema recientemente reconocido cuyas manifestaciones clínicas se superponen con las de la fibromialgia, la fatiga crónica y el intestino irritable.

Se presenta el caso de una mujer de 40 años de edad que consultó por una historia de 7 años de evolución de dolor generalizado y cansancio crónico. Había sido diagnosticada de fibromialgia por varios reumatólogos y reunía los criterios de clasificación de fibromialgia de 1990 del Colegio Americano de Reumatología. También reunía criterios de síndrome de fatiga crónica. Tenía problemas de concentración y de memoria, «foggy mind», y diarrea intermitente. La severidad de la afectación le condicionaba una vida prácticamente limitada a estar en cama a pesar de haber consultado con especialistas en reumatología, gastroenterología y también medicina natural y homeopatía. Además de los síntomas típicos de fibromialgia, fatiga crónica y diarrea intermitente, tenía aftas orales, hipotiroidismo autoinmune e historia de ferropenia. Se habían realizado múltiples estudios con resultado normal, incluyendo anticuerpos anti-transglutaminasa IgA para descartar la enfermedad celíaca.

En nuestra unidad hay una alta sospecha de sensibilidad al gluten y se realizaron más estudios. Una nueva analítica solo mostró ferropenia y niveles de vitamina D por debajo de lo normal. El test de cribado para anticuerpos anti-transglutaminasa y anti-péptido deaminado de gliadina, tanto IgG como IgA fue negativo. El tipado HLA mostró la presencia de DQ2 (DQA1*05 DQB1*02). La gastroscopia mostró pequeñas lesiones eritematosas en bulbo duodenal. Las biopsias duodenales mostraron normalidad de la estructura de las vellosidades y duodenitis linfocítica con redistribución apical, con 28 linfocitos CD3 por cada 100 enterocitos (lesión tipo I de Marsh). El test de ureasa para Helicobacter pylori fue positivo. La enfermedad celíaca se descartó por la ausencia de anticuerpos específicos y de atrofia de vellosidades intestinales, pero se mantuvo la sospecha de sensibilidad al gluten. Se recomendó dieta sin gluten sin tratar la infección por Helicobacter pylori.

A los 6 meses de comenzar la dieta se observó una marcada mejoría de toda su sintomatología, remisión de las aftas orales, y volvió a trabajar después de un largo periodo de baja laboral. Cuando comía pequeñas cantidades de gluten experimentaba recidiva de toda su sintomatología. Se añadieron suplementos de hierro y multivitamínico con minerales. En el seguimiento a los 2 años de comenzar la dieta había remisión de la fibromialgia, seguía trabajando y jugaba al padel. En ese tiempo su hija fue diagnosticada de enfermedad celíaca con anticuerpos anti-transglutaminasa positivos y atrofia de vellosidades en la biopsia duodenal.

La existencia de la sensibilidad al gluten no celíaca está reconocida en base a la observación de pacientes cuyos síntomas responden a la dieta sin gluten pero tienen pruebas diagnósticas de enfermedad celíaca negativas1–4. La duodenitis linfocítica es un rasgo de la enfermedad celíaca que puede ser vista sin atrofia de vellosidades en la sensibilidad al gluten no celíaca, aunque no es un hallazgo específico ya que puede ser debido a otras causas como elHelicobacter pylori5,6. Cuando, como en este caso, un paciente con sensibilidad al gluten tiene susceptibilidad de HLA y enteropatía Marsh 1, hay tanta cercanía a la enfermedad celíaca que se ha propuesto el término de enfermedad celíaca Marsh 17. En esta paciente se decidió intentar dieta sin gluten sin tratar el Helicobacter porque se consideró muy improbable que tratarlo mejorase el cuadro fibromiálgico.

Se ha descrito recientemente la sensibilidad al gluten no celíaca como causante de fibromialgia8. Este caso refuerza esta hipótesis debido a la llamativa respuesta clínica, la recidiva tras la toma de gluten, el tipado HLA, la presencia de duodenitis linfocítica en la biopsia duodenal y el diagnóstico posterior de enfermedad celíaca a su hija.

Bibliografía
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Fibromyalgia and non-celiac gluten sensitivity: A description with remission of fibromyalgia
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Postura y ATM

Escrito por Vicente Juan Riera el . Publicado en Blog

joanna          
Durante mis  años de ejercicio profesional he atendido innumerables pacientes que sufren de un trastorno conocido como síndrome de la ATM,  o síndrome de la articulación temporomandibular  (esta es la articulación que permite que la mandibula se mueva, permitiendo los movimientos de apertura y cierre de la boca), asociado en muchas ocasiones con un hábito denominado Bruxismo (acción de apretar fuertemente los dientes o de “rechinarlos”).
El maxilar inferior se articula con el superior según el engranaje de los dientes.  Es la posición impuesta por dicho engranaje dentario el que ajusta no solo la posición del maxilar inferior, sino también la de la articulación temporomandibular, la de las vertebras cervicales, la de la columna vertebral en general y hasta el apoyo de la planta de los pies. Cuando un paciente tiene una malposición dentaria, o maloclusión, es decir dientes que engranan de forma no armónica y desequilibrada, se desencadenan una serie de compensaciones que involucran grupos musculares de forma paulatina y que pueden cambiar radicalmente la postura original de una persona.
La mayoría de nuestros pacientes se han hecho extracciones dentarias sin pensar que con el transcurrir del tiempo éstas puedan traer consecuencias. Cuando se extrae un diente, el que estaba detrás de este se va rodando con el tiempo hacia adelante y el que estaba delante del que se extrajo, se va rodando poco a poco hacia atrás. Además, el diente antagonista, es decir el que chocaba contra el que se extrajo, va bajando si es superior, o va subiendo si es inferior, tratando de “chocar” con algún otro diente. Así, se origina lo que llamamos un desequilibrio oclusal, es decir, una situación en la cual todos los dientes se van desplazando gradualmente como una adaptación al cambio originado por la extracción.
Mientras que los dientes se van desplazando, los músculos de la cabeza y los de la parte superior de la espalda se ven implicados inicialmente en un cambio que busca mover el maxilar inferior a una posición en la cual engrane “lo mejor posible” con el maxilar superior, ya que a medida que los dientes se van desplazando, van apareciendo contactos nuevos entre los dientes superiores e inferiores. La información de los contactos nuevos es recogida por unos receptores especiales que están alrededor de cada diente, la envían al sistema nervioso central y en respuesta este último ordena a los músculos que hagan los cambios concernientes a evitar los contactos de reciente aparición.
Los choques que surgen al morder son percibidos por el organismo como traumáticos, y se denominan “contactos prematuros”, nuestro cuerpo buscará siempre una mejor posición a partir de cambios en la tonicidad muscular, esta es la respuesta de adaptación. Por ejemplo, relajará quizás más un músculo del lado derecho y su homólogo del lado izquierdo se contraerá para que la mandíbula al contactar con el maxilar superior no choque sobre la punta del diente que contactaba de forma inadecuada. Esta es la razón también por la cual muchos pacientes sometidos a tratamiento ortodóntico presentan constantes dolores de cabeza, y/o cuello y espalda, ya que deben estar constantemente haciendo compensaciones y adaptaciones.
Es también común en mi consulta los pacientes que refieren la aparición de espacios entre los dientes, observar molares más abajo (si es un diente superior) o más arriba (si es inferior), dientes que se apiñan cada vez más (es decir, se van juntando), etc. Es la evidencia de que se está  sucediendo en su boca un desequilibrio oclusal y puede concatenarse a una serie de compensaciones por parte de grupos musculares cada vez más grandes si el problema no es atacado a tiempo y se convierte en un trastorno crónico.
El desequilibrio oclusal aparte de generar todos los cambios aquí descritos de forma sucinta y sencilla, también trae consecuencias locales. El hueso y la encía que rodea a un diente (periodonto) que no contacta bien con su antagonista nunca podrá estar completamente sano, ya que la absorción de fuerzas por parte del diente y su posterior transmisión al hueso que lo rodea inducirá a procesos de remodelado y pérdida (reabsorción) de dicho hueso, lo cual se traduce en movilidad y la posterior perdida de la pieza dentaria.
En el campo de la odontología el odontólogo siempre ha visto de forma muy pasiva la aparición del síndrome de la articulación temporomandibular, y se limitaba a instalar un dispositivo que se interponía entre los maxilares conocido como “férula”. Actualmente planteo la incorporación al tratamiento odontológico de la Osteopatía para la oferta de un tratamiento novedoso que restablezca la situación de normalidad en un organismo que ha sufrido múltiples compensaciones, y donde resulta ilógico la desconexión del engranaje dentario del resto de la postura del organismo, conceptos manejados en el área de  la Osteopatía desde finales del siglo XIX, por la Kinesiología y de forma más reciente compartidos por una nueva rama de la Odontología denominada Posturo-Odontología.
Joanna Evans. Odontólogo